Consejo de la Memoria

22 08 2012

A veces el papel de periodista, de comunicador, o simplemente de tipo con posibilidades de hacer llegar la información a un público mayor, tiene momentos difíciles de llevar, en especial si tienes dos dedos de frente y un mínimo de ética. Uno de esos momentos tiene que ver con las situaciones en las que accedes a una información, a un testimonio o bien eres parte activa (observador) de ciertos hechos, y debes salvaguardar el anonimato de algunas personas o comprometerte a guardar en la nevera la información hasta que sea oportuno divulgarla. La mayoría de las veces, como en nuestro caso no existe un ansia o necesidad por destacar ni nos vemos amenazados por efímeros reclamos como el de la “exclusiva”, esas situaciones se llevan de forma bastante deportiva, como parte del “oficio”. Pero no siempre es así, ya que a veces por proteger la intimidad de los testigos se cuestiona la veracidad de lo que contamos, y ciertamente no es agradable llevarse “cachetadas” que le corresponden a otro…De todas maneras, también esa situación es parte del precio que voluntariamente uno puede llegar a pagar por conocer cosas, vivencias reveladoras, que de otra forma jamás conoceríamos. Sin embargo, las situaciones mas complejas y escamantes son aquellas, periodísticamente notables y de valiosa trascendencia, en las que te arrancan un compromiso de silencio hasta que “llegue el momento” Es un poco, ¿sádico?… en tu condición de periodista-comunicador-tipo con posibilidades, te hacen partícipe y testigo privilegiado del acontecimiento, y después de piden que no lo cuentes todavía¡¡¡¡¡ En fin, durante el pasado solsticio de verano viví una de éstas situaciones en un centro de investigación científica de Canarias. Una reunión llevada con la máxima discreción (“qué diablos pinto yo aquí”, era el pensamiento recurrente) de una especie de Consejo de la Memoria, donde reconozco haberme quedado boquiabierto al identificar a varias personas y desde mi lógica entender que “era imposible” Y por si fuera poco, de las cosas que allí hablaron e hicieron pocas me interesaron de manera especial, dejando en cuarentena un buen puñado de ellas. Literalmente durante semanas pasé olímpicamente de ellas hasta que, sistemáticamente, comenzaron a desarrollarse, y con ellas, mi crispación por ese silencio que pacté con ellos cuando fui invitado a asistir. Sin duda, hay momento difíciles de llevar…








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